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Cada día más sabio

01 de julio

No albergues odio en tu corazón

El odio despierta rencillas;  pero el amor cubrirá todas las faltas. Prov. 10: 12

El odio  no es tan solo el deseo violento de querer que el otro  muera. El odio se manifiesta de muchas formas diferentes. Murmuración, chismes, conclusiones equivocadas, mentiras calumniosas, historias falsas que manchan la reputación, son solo ropajes con los que se viste el odio.

Salomón, en el versículo  de hoy, dice que “el odio despierta rencillas”. Hace más. Abre heridas, rompe relaciones, construye muros de separación, destruye amistades, paraliza, desanima y mata.

El odio tiene sus raíces en una amargura no curada, en la incapacidad de no perdonar, en el resentimiento guardado. Lo peor de todo es que no hace tanto mal al odiado como a la persona que odia. El corazón del que odia es un depósito de veneno. Antes de salir para afuera, la sustancia letal corroe el propio depósito.

Ninguna persona sensata guarda odio en su corazón, porque estaría suicidándose. No tiene sentido. Es una locura. Irracionalidad. Hay un camino mejor para curar  las heridas. Es el camino del amor. “El amor cubrirá todas las faltas”, declara el versículo de hoy.

Cubrir se deriva de la palabra hebrea Kasah, que tiene el sentido de apagar el fuego hasta extinguirlo. Si tú tuvieras que apagar un incendio, ¿usarías agua o gasolina? El amor es agua. El odio es gasolina. Vengarse, empujando por el odio, te pone a ti en desventaja.

¿Cómo amar si alguien te hirió? ¿Cómo ver el enemigo impune, andando libremente por la calle sin que reciba “lo que merece”? ¿Es justo que alguien no pague por el mal que hizo?

En toda venganza hay dos victimas. Por eso, el odio es autodestructivo, y por eso Dios nos enseña que ése no es el camino que conduce a la felicidad.

A veces hay personas que vienen a buscarme angustiadas después de vengarse. “Debería sentirme feliz dicen arrepentidas, pero no lo estoy. Antes, por lo menos tenía la motivación de destruirlo. Ahora que conseguí lo que quería, me siento vacía y acabada”.

Hoy, como todo nuevo día, es una nueva oportunidad para pensar y repensar. ¿A dónde estoy yendo? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Cuáles son mis motivaciones? ¿Cómo afecta esto a las personas que amo?